Nuestro viaje a Chile comenzó a gestarse hace un año, en un encuentro en Argentina con mi pariente Jorge Duarte Llonch y su esposa Blanca. Ella chilena de corazón y alma, quería que conociéramos su país y nos propuso viajar juntos al año siguiente, y así ha sido. Durante meses hemos ido trazando el recorrido con ilusión, imaginando paisajes, encuentros y experiencias. Ahora, por último, el día ha llegado. Aterrizamos en Temuco, donde nos esperan con su coche para iniciar una ruta de diez días por la mágica Región de los Lagos. Empezaremos por visitar la comunidad mapuche Francisco Ancapi, donde conoceremos a Lagmien Daniela. Nos adentraremos en la naturaleza exuberante de Pucón, descubriremos la belleza de Puerto Varas, nos dejaremos seducir por el misterio y la tradición de Chiloé, y terminaremos esta primera parte del viaje a Puerto Montt, entre el Pacífico y los Andes. Después, Rosa y yo continuaremos solas hacia el desierto de Atacama, explorando los salares, los géiseres y el altiplano con paisajes de una belleza casi irreal. La tercera parte del viaje tendrá una dimensión más humana ya que nos acogerán familias amigas de la Asumpta Codina de Sabadell, que vivió tres años en Chile, donde trabajó como maestra. Compartiremos vivencias en Calama con Anafranc, Antonia, Enric y María Rosa. En Antofagasta con Dalibor, Eleonora, Inés, Juana, Glenn y Hernán Rivera Letelier. En La Serena y Valle del Elqui con Adriana, Julieta y Neil. En Santiago con Myriam, Astrid, Gonzalo, Pedro e Isabel Sarrà. En Viña del Mar y Valparaíso con Jaime Ferrer, Luz y Kamel. Un viaje largo, lleno de contrastes, de naturaleza desbordante y de encuentros significativos, que nos permitirá conocer a Chile con el corazón.

Reportaje realizado con la colaboración de Rosa Pi Masvidal y Anna Sallés
Me llevo la maleta llena de vivencias
De Temuco me llevo:

El reencuentro con Blanca y Jorge, ha sido un momento entrañable, que desbordaba emoción y calidez. Nos llevan al Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda, un lugar cargado de recuerdos e historia, en el que nos invitan a un acto cultural que nos hace sentir aún más cerca de la tierra que estamos descubriendo. El cóctel de bienvenida es solo el inicio de una experiencia que nos ha cautivado desde el primer momento. Nos ofrecen pisco sour, una bebida emblemática de Chile. Tomamos ceviche fresco y lleno de sabores, y carpaccio de locos, un plato delicado de la gastronomía local. Esta recepción tan generosa es una muestra de la hospitalidad del pueblo chileno, que nos hace sentir muy acogidos y agradecidos por esta calurosa bienvenida.

La comunidad mapuche Francisco Ancapi, donde Lagmien Daniela nos recibe y nos guía por el Centro de Medicina Mapuche Filew Lawen, un espacio rodeado de naturaleza y plantas medicinales. Nos explica que el machi es un sanador y la autoridad espiritual de la comunidad, y ella, como una lawenche colabora en las ceremonias y los tratamientos de medicina mapuche. El aire lleva el aroma de las hierbas frescas mientras el viento susurra entre los árboles, y en ese rincón sagrado sentimos la conexión con la tierra.
De Pucón me llevo:

El volcán Villarrica, majestuoso e inquietante, que se levanta frente a mí, uno de los más activos de Chile y uno de los pocos que tiene un lago de lava permanente en su cráter. Los mapuches lo veneran como Rucapillán, la casa del espíritu. El sol se esconde detrás de las montañas, tiñendo el cielo de color naranja y púrpura, que se refleja en las aguas quietas del lago. El aire fresco y el aroma de la naturaleza me envuelven, mientras contemplo este paisaje vivo, salvaje y sagrado, en un silencio solo cortado por el suave susurro del viento.

Las termas de Coñaripe son un oasis de calma en medio del bosque, con seis piscinas al aire libre que ofrecen distintos grados de calidez. Sumergirme en cada una ha sido un placer, pero la mayor sorpresa ha sido la sauna rústica, donde, sentada sobre un banco de madera, el vapor de agua caliente con eucalipto me ha envuelto en una sensación intensa y primitiva de purificación. Por último, he disfrutado flotando en la piscina cubierta, absorbiendo la última dosis de relajación. Salgo renovada, con el cuerpo ligero y la mente en paz, como si el bosque me hubiera acariciado con su energía.
De Puerto Varas me llevo:

Frutillar, una ciudad mágica, pequeña pero cargada de encanto, situada a orillas del lago Llanquihue. Fundada por inmigrantes alemanes, conserva una belleza singular, con sus casas de madera de tono claro y su tranquilo y acogedor aire. Cuando caminamos por el paseo de la Costanera, el sonido de las olas sobre la arena se mezcla con las risas y conversaciones de las personas que disfrutan del día, descalzas junto al lago. El Teatro del Lago, famoso por el festival de música, se revela ante nosotros como una obra de arte flotante, una construcción increíble sobre el agua, con su perfil elegante y moderno, que parece fusionarse con el paisaje. Hemos gozado con la serenidad de este lugar como si el tiempo se diluyera, dejándonos llevar por la belleza que nos rodea.
De Chiloé me llevo:

Los palafitos de Castro, que al principio eran casas de personas con pocos recursos construidas sobre el agua por falta de terreno fueron llamadas cacafitos por los desagües que recogían. Con el tiempo, se convirtieron en casas de pescadores para controlar mejor la pesca, y actualmente muchos de ellos se han transformado en restaurantes y hostales. Al entrar en uno de ellos, nos sorprende el interior moderno y acogedor, con una terraza con vistas al mar que invita a la relajación. Con Jorge y Blanca, capturamos este lugar tan pintoresco, que ahora se muestra con un aire encantador, como un reflejo vivo de la historia y la cultura de Castro.

La iglesia de Achao, la más antigua del archipiélago y la única construcción que queda de la misión jesuita original, es un tesoro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al entrar, la serenidad que se respira inunda el aire, mientras los cantos dulces y armoniosos me envuelven en una sensación de paz profunda. La belleza de la estructura, hecha de madera y sencilla pero imponente, me transmite una tranquilidad que me conecta con la historia y el silencio de ese lugar sagrado. Me siento acogida por su serenidad, como si el tiempo se hubiera detenido en este espacio de calma.

Quinchao, un pueblo tranquilo, una joya escondida entre los paisajes verdes de Chiloé, donde el alma parece respirar a un ritmo lento y sosegado. Su iglesia es un testigo vivo de la historia religiosa de la región. Está en proceso de reconstrucción, y preserva su patrimonio respetando su belleza original. En el exterior, los palos de madera que la apuntalan dan una sensación de fragilidad y fuerza a la vez, como si fuera una estructura en proceso de curación, que necesita la ayuda de la comunidad para seguir en pie. Contemplándola, siento una profunda admiración por la historia de este pueblo, como si la tierra y la propia comunidad mantuvieran viva su esencia.

La isla Lemuy, donde me adentro en el mágico Parque del Muelle de los Brujos, un sitio repleto de leyendas sobre las brujas chilotes, que capturaban viajeros con sus caballitos de mar y los transportaban a un mundo de misterio. Me dejo llevar por el encanto del lugar, con escobas viejas y columpios con alas que parece que me invitan a un sueño. En este ambiente mágico, pienso en mi nieta y conecto profundamente con mi niña interior, ese rincón de mí que siempre ha creído en la magia.

El canal de Chacao a bordo del transbordador Cruz del Sur, donde nos despedimos de Chiloé, un lugar que nos ha dejado recuerdos inolvidables, como el volcán Calbuco en la distancia, levemente difuminado entre la niebla. Los días pasados en el archipiélago han estado rebosantes de belleza y tranquilidad. Y mientras pisamos tierra firme en Pargua, nos llevamos con nosotros muchos recuerdos y una profunda conexión con este lugar mágico. El corazón se queda un poco vacío al dejar Chiloé, pero a la vez lleno de gratitud por todo lo vivido.
De Puerto Montt me llevo:

El mercado de Angelmó, que me deja fascinada ante una parada donde todo es nuevo para mí. Blanca me explica que en la primera mesa de izquierda a derecha están los choros maltones, en medio están las navajas y los de color naranja son los piures, todos secos sin las conchas. Al lado, unos bultos grises que son un alga seca llamada luche, y los bultos marrones son otra alga, el cochayuyo. Más atrás, en la otra mesa, hay unos ajos muy grandes, que solo se ven en Chiloé, llamados ajo chilote. El cochayuyo cortado y embalado, listo para vender y las papas chilotes, tanto de variedad blanca como oscura, completan la parada. También hay bolsitas de ají cacho de cabra, muy picante, y de un fruto chileno llamado maqui, utilizado como remedio para la diarrea. Todo un mundo de sabores y tradiciones que me sorprende y me conecta con la esencia de Chile, donde cada detalle me hace sentir más cerca de esta tierra tan rica y única.

Recorrido por el canal de Tenglo, el último trayecto antes de nuestra partida. Puerto Montt nos despide con su ritmo marinero, donde abundan los barcos que crían alevines de salmón. Junto a la barca, los lobos marinos flotan entre las olas, juguetones y ágiles. Uno de ellos, perezoso sobre una roca, permanece impasible al paso de las embarcaciones, como si fuera el guardián silencioso de estas aguas. El viento me acaricia la cara y, con él, llegan las imágenes de toda la ruta de los lagos: los inmensos paisajes, los pueblos repletos de historia y los sabores. Este viaje ha sido una experiencia compartida, un descubrimiento que nos ha unido todavía más. Nos despedimos de Blanca y Jorge, quienes, con su generosidad, nos han mostrado Chile de una manera tan cálida que nos hemos sentido como si también fuera nuestro hogar. Los corazones se colman de gratitud y, entre abrazos y miradas brillantes, sabemos que esta despedida no es un adiós, sino una hasta pronto.
Del desierto de Atacama me llevo:

El Valle del Arcoíris donde nos rodea un paisaje de colores cambiantes, casi mágico. Cruzar la cordillera de la Sal y la cordillera Domeyko para adentrarnos en un paisaje mágico donde las colinas se tiñen de tonos tierra, café, rojizos,verdes, blancos y amarillos, combinándose con las sales cristalizadas y el azul intenso del cielo. Desde el Parque del Río Grande seguimos hacia Yerbas Buenas, donde los antiguos lickanantays, hoy conocidos como atacameños, dejaron petroglifos que narran historias ancestrales. La naturaleza nos rodea con su fuerza primigenia, en un paisaje que habla en colores y silencios, testimonio de un pasado que aún resuena.

El Valle de la Luna, que despliega un paisaje de otro mundo entre las colinas afiladas de la cordillera de la Sal, con la mina de sal Victoria, las Tres Marías y la majestuosa Duna Mayor. Caminando por este escenario geológico, me siento como si pisara la superficie lunar. A medida que la tarde avanza, la cordillera de los Andes y sus volcanes se recortan en el horizonte, mientras el desierto se pinta de tonos dorados y rojos. El espectáculo se hace todavía más impresionante cuando, detrás de los Andes, una tormenta eléctrica ilumina el cielo con relámpagos que se reflejan en la aridez del paisaje. El instante culmina con la aparición inesperada de un arcoíris, un contraste sublime en medio de la inmensidad. Es un momento de pura magia, una experiencia inolvidable.

Piedras Rojas, que me regala un paisaje de ensueño, donde el rojo intenso de las rocas, producto de la oxidación del hierro, contrasta con el azul turquesa de las lagunas y el blanco inmaculado de los Andes, hoy aún más brillante después de la lluvia. El camino hasta aquí ha sido un espectáculo en sí mismo. Atravesamos la Laguna Chaxa, donde flamencos rosados se reflejan en aguas cristalinas, contemplando las lagunas Miscanti y Miñiques, rodeadas por volcanes majestuosos. A medida que descendemos hacia la laguna salada, la naturaleza despliega su paleta más vibrante, creando un escenario rebosante de energía y belleza.

El Vallecito y las lagunas de Baltinache que forman un paisaje idílico, donde siete lagunas de aguas cristalinas y turquesas contrastan con el blanco de la sal en medio de la aridez del desierto. Su alta concentración de sal permite flotar sin esfuerzo, ofreciendo una sensación de ligereza en ese entorno virgen y sereno. Entre estos parajes descansa el bus mágico, un antiguo autobús abandonado que antiguamente transportaba a mineros hacia las salinas desde Calama y San Pedro, pero que, al estropearse, se convirtió en un refugio de sombra y descanso cuando salían de la mina. Las formaciones lunares, los cristales de sal brillantes y las majestuosas dunas del Vallecito me han brindado una conexión profunda con la inmensidad de estos paisajes.

Los géiseres del Tatio, que nos ofrecen un espectáculo impresionante, situados a 4.320 metros de altitud en los Andes del norte de Chile. Rodeado de niebla y frío intenso a primera hora, el campo geotérmico despierta con fumarolas que se alzan en medio del silencio de la montaña. A medida que avanza la mañana, la niebla se disipa y el sol ilumina el vapor, transformando el paisaje en un juego de luces y formas efímeras. El último géiser que visitamos, llamado Concha, me despierta una emoción inesperada, como si guardara un mensaje especial para mí. Ahora, bajo un cielo despejado y con los Andes nevados al fondo, parece increíble el cambio vivido: de un ambiente gélido y misterioso a una escena luminosa y con mucha energía. La experiencia ha sido casi irreal, como si hubiéramos viajado entre mundos opuestos: de la oscuridad a la luz, del hielo al calor, del misterio a la plenitud. Y con cada aliento de vapor que se eleva hacia el cielo parece que el paisaje nos susurre un último recuerdo.
De Calama me llevo:

El encuentro en casa de Anafranc y Antonia, donde el almuerzo se convierte en un reencuentro cálido. Nos acompañan el padre Enric y su hermana Maria Rosa, que, como ellas, dejaron Barcelona para encontrar aquí un nuevo hogar. En la mesa, un cocido chileno humeante nos invita a compartir historias: la ternera tierna, la calabaza dulce, las judías y la mazorca evocan el sabor profundo de esta tierra. Entre risas y recuerdos, se crea una sintonía especial, aquella que solo nace cuando los sabores, palabras y corazones se encuentran en un mismo latido.

La visita a Mi Hogar, una residencia ubicada en un barrio marginal me conmueve profundamente. Aquí acogen a la gente que no tiene a dónde ir, personas mayores con movilidad reducida o alzhéimer avanzado, ofreciéndoles un hogar digno y de gran calidez. Las hermanas hospitalarias, con una dedicación admirable, han superado tiempos difíciles y han logrado transformar el espacio con esfuerzo y amor. Me maravilla ver cómo los residentes son tratados con cuidado y respeto, en un ambiente que transmite paz y esperanza. Al despedirnos, les deseamos energia para seguir con esta tarea tan valiosa, y nos vamos con el corazón cargado de admiración y gratitud.
De Antofagasta me llevo:

La casa de Dalibor y Leo en el barrio de Huáscar, ha sido un refugio cálido y acogedor durante nuestra estancia. Desde mi habitación, al atardecer, he podido contemplar el sol poniéndose sobre el mar, tiñendo el cielo de colores suaves e infinitos. Nos hemos sentido acogidas con cariño, rodeadas de conversaciones entrañables y encuentros que han llenado los días de complicidad y alegría. Cada palabra compartida, cada gesto de generosidad, ha tejido profundos lazos de amistad, de aquellos que el tiempo no borra, sino que consolida. Sé que ese vínculo, nacido entre risas, historias y miradas sinceras, perdurará para siempre.

El Museo Ruinas de Huanchaca es un centro de difusión del conocimiento que conecta la historia geológica, paleontológica, arqueológica y astronómica del norte de Chile. Este espacio ofrece una visión integral sobre cómo la naturaleza y la actividad humana han moldeado una de las regiones más extremas del planeta. Durante la visita, exploramos una exposición dedicada a la historia del salitre , uno de los recursos económicos más importantes de Chile durante los siglos xix y xx. Se explica el papel fundamental que tuvo Antofagasta como centro logístico de la industria salitrera, así como la importancia del ferrocarril que conectaba las explotaciones con los puertos. Actualmente, esta infraestructura se utiliza principalmente para el transporte del cobre, otro recurso clave para la economía del país. Este museo me ha permitido comprender mejor la interacción entre el entorno natural y el ser humano a lo largo de la historia, y cómo la explotación de recursos ha determinado el desarrollo de esta región.

El Centro Cultural Estación Fotógrafo de Cerros, dirigido por Glenn Arcos, periodista y fotógrafo, es un espacio de encuentro y creación que él mismo fundó hace una década. Este proyecto cuenta con la colaboración de voluntarios y ofrece actividades para niños y jóvenes, como teatro, jazz, música clásica, danza y poesía. En este centro, también se pueden ver expuestas las cubiertas de los libros del escritor Hernán Rivera Letelier, puesto que Glenn Arcos es su gran promotor. La visita ha sido un enriquecedor intercambio de experiencias, reflejando la vitalidad cultural y comunitaria de esa ciudad.

El encuentro con Hernán Rivera Letelier, Premio Nacional de Literatura de Chile 2022, ha sido un momento especial. Aunque el Parkinson dificulta un poco su habla, conversamos con él con interés y admiración. Nos cuenta, con su característico sentido del humor, que pasó de ser proletario a propietario. Tiene una trayectoria impresionante, ya que ha publicado 25 libros, traducidos a 23 idiomas. En su obra ha explorado su infancia, y ahora está escribiendo sobre la juventud, además de tener una nueva novela en marcha. La conversación sobre literatura ha sido fascinante. Le regalamos mi libro de los viajes a México y Guatemala, que incluye un cuento de Rosa. Le explico que estoy leyendo su libro: Santa María de las flores negras, galardonado con el Premio Alfaguara, y le comento cómo me ha cautivado su narración, conectándome profundamente con la Cantata de Santa María de Iquique.

Visita a la casa de Inés Alvarado, que nos recibe con su marido, Mario, y su hijo, José Luis. Nos han invitado junto a su cuñada y su hermana a compartir una tradicional once chilena, una comida típica similar a una merienda cena, que consiste en té o café acompañado de diferentes tipos de pan e ingredientes variados. En esta ocasión, nos sirven pan con ternera, aguacate, tomate, mayonesa, queso y perritos calientes, así como dulces caseros. La sobremesa se alarga durante cuatro horas de conversación animada, compartiendo historias y experiencias. Nos despedimos con gratitud por la oportunidad de vivir este momento tan cercano y por su cálida acogida.

La Portada, un icónico arco de roca situado en la costa de Antofagasta, es una impresionante formación esculpida por la erosión marina a lo largo de miles de años. En sus rocas se pueden encontrar caparazones marinos fosilizados, testigo de que esta zona estuvo sumergida bajo el mar hace millones de años. La playa situada justo debajo hace unos años era accesible para el baño, pero ahora está prohibido porque la estructura rocosa se está desprendiendo de forma natural. Desde el altiplano que rodea el mirador, contemplamos el paisaje majestuoso y tomamos fotografías que capturan la belleza de este monumento natural, con el azul intenso del océano Pacífico como telón de fondo.
De La Serena me llevo:

La atmósfera tranquila que invita a la pausa, el recuerdo de una ciudad que conserva parte de su arquitectura colonial y se abre a una larga playa bañada por el océano Pacífico. Aquí Adriana y su hija Julieta nos han recibido con una calidez que nos ha hecho sentir como en casa. Vivimos rodeados de naturaleza, en medio del campo, en una casa de madera pequeña pero que desborda encanto. Cada detalle respira sencillez y ternura, haciendo de este lugar un refugio en el que los días transcurren con la dulzura de las cosas cotidianas.
Del Valle del Elqui me llevo:

El profundo descubrimiento de la vida de Gabriela Mistral, una mujer de espíritu indomable que dejó una huella imborrable en la literatura y la educación. En Montegrande, visitamos la pequeña casa de correos donde vivió durante su infancia, un humilde espacio que vio sus primeros pasos. En Vicuña, donde nació, visitamos el museo dedicado a su memoria, que me cautiva. Recorro las salas y me dejo impresionar por la intensidad de su vida, colmada de luchas, viajes y palabras que todavía resuenan. Siento una extraña conexión con ella: murió en 1957, el año que yo nací. Como ella, soy maestra, escritora y viajera. En la plaza encontramos su escultura sentada en un banco. Me siento a su lado, en silencio, dejando que el viento del Elqui me envuelva y, por un instante, siento que me llega una chispa de su espíritu creador.
De Viña del Mar y Valparaíso me llevo:

El regalo de conocer a Pedro, psicólogo clínico apasionado por la educación, que me inspira. Nos acompaña a Viña del Mar, compartiendo su trayectoria: después de la dictadura, trabajó con UNICEF para atender a los niños de la calle, y ahora colabora con la granja educativa. En la ciudad, la niebla costera, conocida como vaguada, crea un velo misterioso, mientras que el paseo marítimo, el Reloj de Flores y el majestuoso Cerro Castillo nos cautivan con vistas que combinan el azul intenso del Pacífico con el vibrar del centro. Además, en febrero, el Festival Internacional de la Canción transforma Viña en una gran fiesta de música y cultura. Este viaje, repleto de historias y emociones, me ha dejado un impacto profundo y me llena de gratitud por todo lo que hemos compartido.

La conversación con Jaime Ferrer, descendiente de catalanes, se convierte en una experiencia de gran cordialidad y recuerdo, dado que nos invita a su apartamento en el barrio de Reñaca, en Viña, con vistas al mar que transmiten quietud y esperanza. En la entrada, detalles como la Moreneta y un escudo con la bandera nos recuerdan con orgullo sus raíces catalanas. Durante el desayuno, nos narra con emoción la historia de su padre, que llegó a Chile en barco, hecho que marcó el inicio de una nueva vida en tierras lejanas y ha impregnado su propia trayectoria de sacrificio y resiliencia. En este contexto, ha nacido su libro Los españoles del Winnipeg. El barco de la esperanza para 2200 republicanos españoles, una obra que recoge la historia del barco que llevó a Chile a 2.200 exiliados republicanos españoles, ofreciendo una visión profunda y conmovedora de un momento clave en la historia del exilio. A través de testimonios, anécdotas personales y una investigación histórica rigurosa, nos invita a comprender cómo la búsqueda de libertad y dignidad puede transformar las vidas individuales y la sociedad entera, dejándome con la sensación de un vínculo profundo con el pasado y la convicción de que, incluso en los momentos más difíciles, la esperanza puede abrir caminos hacia un futuro mejor.

La visita con Luz María y Kamel por Valparaíso es una experiencia que desprende de encanto. Las calles adoquinadas, con murales vibrantes y edificios de colores, nos cautivan desde el paseo Yugoslavo, un verdadero museo al aire libre, hasta el Cerro Alegre, donde las vistas panorámicas nos roban el aliento. Bajar y subir con el ascensor histórico hasta el puerto y la Plaza Sotomayor, epicentros donde el pasado marítimo se funde con una vida cultural efervescente, es una aventura inolvidable, mientras los grafitis revelan el alma rebelde de la ciudad.

Somos acogidas en su casa de Viña del Mar, con vistas al mar que inspiran calma, donde Emilia, la cocinera, nos sirve tostadas con salmón, queso y aceitunas bañadas en pisco sour, mientras Kamel, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y Luz María, profesora de francés jubilada, comparten con cariño su historia familiar: dos hijos, uno médico y el otro gerente de uno de los supermercados de la cadena Jumbo. La sorpresa de una llamada de Assumpta de Sabadell enriquece la jornada con una entrañable conversación transatlántica, recordando viejos lazos de amistad. Por último, disfrutamos de una ensalada con camarones, un pastel de choclo y una mousse de lúcuma, que nos deja un recuerdo dulce e inolvidable.
De Santiago me llevo:

El buen recibimiento de Myriam, acompañada de su hijo Iván y su nuera Romina. Desde el primer momento, nos hacen sentir bienvenidas y nos llevan a casa de Astrid, que nos acogerá durante nuestra estancia. Con ellos visitamos La Chascona, la casa de Pablo Neruda, que nos sumerge en su mundo de poesía y extravagancia. La distribución es caprichosa, plagada de escaleras de caracol, y cada rincón respira su pasión por el mar: un ojo de buey abierto a la imaginación y un comedor situado junto a un arroyo que crea la ilusión de estar a bordo de un barco. Es como si Neruda hubiera querido llevar el océano hasta su casa. La subida al Cerro San Cristóbal con el funicular nos regala una vista espectacular desde la cima, y después caminamos hasta la estatua blanca de Nuestra Señora, que nos observa serena desde las alturas. El regreso con el teleférico es suave y agradable, como si nos dejáramos llevar por el aire después de un día colmado de impresiones. Ha sido una entrada preciosa en la capital, rica de descubrimientos.

La acogida en casa de Astrid es cálida y encantadora. Esta mujer extraordinaria, con la que compartimos conversaciones profundas, nos abre las puertas de su bonito jardín, donde destaca un árbol dedicado a su querido marido, Nabor, escritor y poeta que dejó una gran huella. Cuando hubo el golpe de estado, fue detenido y torturado durante dos días, y la familia tuvo que marcharse, pero el espíritu de ese amor y lucha perdura en cada rincón de ese hogar, siempre un punto de encuentro para los amigos. Su hijo, Gonzalo, sociólogo y matemático, docente en la Universidad de Chile y políglota de corazón, nos espera a nuestro regreso de Viña del Mar, en un día marcado por un apagón de luz general que transforma la ciudad. Los autobuses van a rebosar, porque han tenido que cerrar el metro. Al final subimos en un autobús que nos lleva en un largo recorrido con bastantes retenciones, puesto que los semáforos no funcionan y el tráfico es un reto constante. Una vez llegamos al centro, bajamos y nos adentramos en un paseo donde el movimiento de la gente nos inunda. Por último, tomamos un taxi, ya que han declarado toque de queda a las diez, y llegamos justo a tiempo a casa. Pese al susto inicial, todo se resuelve con calma y la sensación de haber superado juntos un día no exento de imprevistos refuerza el sentimiento de unión y hospitalidad.

Las puertas de la casa de Isabel Sarrà se abren revelando una cálida bienvenida: nos ha preparado la mesa con pan con tomate y jamón, un gesto sencillo pero con mucho de significado. Nos recibe con su sonrisa serena y nos invita a escuchar su historia. Con la voz pausada, nos relata aquellos tiempos de incertidumbre, cuando tuvieron que marcharse a toda prisa durante la guerra porque a su padre, Salvador Sarrà, consejero de Cultura del gobierno republicano, le internaron en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. A los seis meses, logró escapar y reencontrarse con la madre junto con sus hijos, que habían hecho un largo recorrido hasta llegar a Francia. Su historia comienza en Chile cuando tenía tres años, y todavía hoy esta casa es su hogar. Durante nuestra estancia en Santiago, comparte con nosotros su hospitalidad, su calor, su memoria y la fuerza de una vida marcada por el exilio y el regreso.

El encuentro con Rodrigo, sociólogo y amigo de mi sobrino Jan Pol, frente a la iglesia de San Francisco, nos sumerge en la historia de un lugar sagrado y antiguo, declarado monumento nacional. Su estructura, que ha resistido con dignidad dos grandes terremotos, me enamora con sus muros de piedra y techos artesanales de madera, testigos silentes de un pasado cargado de emociones. La visita al Centro de Detención Londres 38, una asociación compuesta por familiares y amigos de los desaparecidos, me conmueve profundamente. Me queda grabado el testimonio de Juan, arrestado y torturado a los quince años, un relato doloroso que me recuerda la importancia de la memoria y de la lucha por la justicia. En el mercado artesanal de Santa Lucía, situado frente al cerro, del mismo nombre, conocemos a Felipe, un músico que vende instrumentos típicos como la zampoña y el kultrun: nos ofrece un pedacito de tradición que vibra al ritmo de la cultura local. Y, por último, el Centro Cultural Gabriela Mistral me cautiva con su innovador programa de danza, teatro y música, además de cine y exposiciones de arte, todo ello reflejando la vitalidad y creatividad que definen esta ciudad.

La Torre Costanera Center, una de las más altas de América Latina y conocida como Sky Costanera, se ha convertido en el icono de la promoción turística de Santiago. Quedo fascinada con las vistas panorámicas, que nos abren un mundo nuevo: desde el majestuoso Cerro Santa Lucía, el lugar donde se erigió la ciudad, hasta el histórico Palacio de La Moneda, fundado en 1805 para acuñar monedas y, más tarde, el palacio presidencial en el que vivieron numerosos presidentes hasta el 1958. El Parque Metropolitano, con su inmensidad, se convierte en un espacio de ocio y deporte que invita a respirar aire fresco y a sentirse vivo, mientras que la cordillera de los Andes, con su imponente Cerro El Nevado, guarda un glaciar de donde nace el río Mapocho, símbolo de la fuerza y la continuidad de la naturaleza. He gozado plenamente de esta visita, que me ha ayudado a captar la esencia de Santiago en toda su riqueza y contraste.

Hoy, en el último día de este viaje, me llevo un recuerdo que permanecerá grabado para siempre en mi corazón. Chile me ha acogido con tanta calidez que me hace sentir parte de este país lleno de historia, emociones y belleza.
Comentarios de los lectores del relato de Chile:
Leí tu resumen. Me gustó. Porque es una síntesis de cada lugar visitado, que te informa y, a la vez, te ofrece una panorámica de ese sitio.
Jorge Duarte Llonch
Me ha emocionado leer tus descripciones del viaje a Chile. Parecía que volvía a los años de mi juventud, cuando viví allí durante tres años, de 1965 a 1968. También recordé unas vacaciones al jubilarme, en 2003 y 2013. He descubierto intensamente muchas cosas que en su momento se me habían escapado. Con tu viaje, he revivido muchos recuerdos, así como las visitas a mis antiguos amigos, que han reforzado nuestra amistad. Chile es muy acogedor, y su gente se hace querer por su gran hospitalidad. Lo describes muy bien, transmitiendo la realidad de las vivencias, rodeadas de emociones tanto humanas como paisajísticas, en este país de contrastes. Assumpta Codina
Conxita, ya hace más de 80 años que vivo en Chile, país que nos acogió a todos los exiliados. No conozco todos esos lugares importantes, geográficos y culturales, que tú y Rosa han visitado en este viaje a Chile, un país que tiene cuatro mil kilómetros de largo y llega hasta la Antártida. Será muy interesante para el lector que quiera conocer estas lejanas tierras americanas, dado que todavía hay gente que cree que en algunos países de aquí los habitantes llevan plumas. Aún existen algunas pequeñas tribus de pueblos nativos autóctonos que viven aislados y lejos de la civilización. Tu tenacidad convierte tus propósitos en realidad con amor y pasión, y lo haces de manera muy acertada. No paras de buscar exploraciones, parece que es tu forma de sobrevivir. Una riqueza cultural, geográfica, emotiva y trascendente. Muy fácil de leer, con fidelidad a tu estilo. Soy admiradora de tu trabajo y de tu marcada sensibilidad social en tu libro. Te felicito de corazón. ¡Adelante!
Santiago de Xile 1 d’abril de 2025
Isabel Sarrà i Carbonell
Conxita has resumido muy bien lo que has visto y vivido en el viaje a mi querido país Chile, solo una persona que ahora está en tierras extrañas valora y aprecia lo que se siente no vivir en la tierra que te vio nacer. Doy gracias a Dios de poder decir que por todos los lugares que has recorrido en este viaje los he conocido y me siento muy orgullosa de ser chilena de corazón, conozco la calidez de la gente, el chileno es trabajador, luchador, se sabe sobreponer a los obstáculos naturales y de todo tipo que se le presenten, terremotos, inundaciones, erupciones de volcanes, tsunami , problemas sociales….Siempre sabemos cómo salir adelante y vencer los obstáculos….y así todo es un país en que la economía está en un muy buen nivel comparada con los países sudamericanos.
Tu ya te habrás dado cuenta por las visitas que hicisteis que si de letras se trata tenemos mucho de que sentirnos orgullosos los chilenos. Con respecto al lugar que nosotros recorrimos juntas creo que nos faltó mucho por mostrarte, fue poco tiempo y la fecha no nos ayudó porque los festivales costumbristas fueron a finales de febrero, a si es que toda la mitología, las comidas típicas, costumbres chilotas en general no las pudimos ver, nos quedaron cosas pendientes que algún día las podrán conocer y que yo encantada las mostraré. Te felicito a ti y a Rosita por el trabajo que están realizando.
Blanca Estela
Primero que nada, fue una experiencia increíble el conocerte junto a Rosa. Lo que escribes acerca de nosotros ( Nabor, Gonzalo y yo) es conmovedor, sé que a Nabor le habría gustado conocerlas y junto habrían cantado “El Vent” de Raimon. Han traído un poco de Assumpta y de Montserrat (que a pesar de no haber estado presente) aparecieron en nuestras conversaciones, en fin, solo queda agradecer el haberlas conocido y celebrar la AMISTAD, así con mayúsculas que nos une desde el día en que llegaron. Viva Catalunya.
Astrid Veloso
¡Qué emoción al leer tu comentario! Es como si estuviera en Chile de nuevo, con todos nuestros amigos que habéis encontrado. Con María Assumpta también los conocimos cuando fuimos. Es un país precioso, y su gente es muy amable. Volví en 2003 y 2013 con María Assumpta, y después fui sola cada tres años para hacer voluntariado en Calama, en “Mi Hogar”, desde 2007 hasta 2019. ¡Qué bonito cómo escribes, Conxita! Has expresado exactamente la misma reflexión que tuve al ver el desierto y los colores que se dibujan al final del día. Estoy enamorada del desierto, aunque muchos chilenos no comprenden cómo podemos encontrarlo hermoso.
Montse Piñol
Queridas Conxita y Rosita. Para mí fue un placer tenerlas en mi casa. Aunque fue una estancia cortita, ha quedado grabada en nuestros corazones. ¡Qué bueno que les haya gustado La Serena, aunque haya sido solo una pequeña pincelada!
Adriana Olivares
Estas son palabras de mi hija para ustedes:”Me encantó compartir con ustedes, y será inolvidable, ya que estos pequeños grandes momentos son preciosos. Esperamos volver a verlas en nuestra casa. Un abrazo muy afectuoso a la distancia.” Las recordaremos siempre, al igual que a Assumpta y Montserrat, porque gracias a ellas nos conocimos.
Un saludo desde Chile.
Julieta
Querida Conxita,
El texto nos ha resultado muy ágil, descriptivo y de fácil lectura. Se trata de un relato bien estructurado que recorre de manera amena la geografía chilena, con interesantes notas culturales y humanas. Se agradece su amenidad, buena redacción y cuidada descripción, ya que motiva al lector a desear visitar este país, atraído por sus paisajes espectaculares y la calidez de su gente. Un abrazo afectuoso per a ti y Rosa.
Dr. Kamel Harire y Luz Maria Traverso
Conxita y Rosa! Fue un gusto haber compartido con ustedes en Santiago, aunque hayan sido sólo unas horas. Se notó en este relato, y también en nuestras conversaciones, ese interés genuino por aprender y nutrirse de la cultura chilena, una curiosidad por cada detalle y dato. Tengo una envidia enorme por el viaje que hicieron; más allá de los distintos lugares y paisajes, por todas las personas con las que se encontraron y pudieron conocer sus experiencias. Espero volver a vernos, para continuar con las conversaciones e iniciar nuevas (si hay suerte, podría ser en Sabadell el 2026). Les mando un gran abrazo.
Rodrigo Amunátegui R.
Estimada Conxita y Rosa. Al comenzar a escribir estas breves notas, tengo en estos momentos un sentimiento de mucha alegría por haberlas conocidos y de haber
compartido gratos y enriquecedores momentos en nuestra querida ciudad
de Antofagasta, vivencias que te marcan y contribuye a ir tejiendo esa
red importante de amigos y son parte relevante en mi historia personal, por ello muchas gracias. En relación con el texto, tal como lo hice en un comentario anterior me
parece excelente el trabajo pues haces, una descripción de los lugares
y vivencias en donde se denota un leguaje ameno y creativo que te
invita a seguir interesado en su contenido, sumado a que moviliza
muchas emociones, particularmente cuando mencionas a algunos amigos
muy queridos y que varios de ellos fueron referentes importantes en mi
vida. No dudo de que tu texto final será un éxito porque lo avala tu
capacidad, talento y creatividad. Un abrazo fraterno.
Dalibor Villalobos Núñez
Fue un placer conocerlas. Me pareció que eran de toda una vida. Cómo mis amigas Assumpta y Montserrat que vinieron y se enamoraron de mi país. Cómo lo hicieron ustedes Conxita y Rosa y a conocer tan hermoso País de Chile y llegarán a mi Antofagasta querido que atrae a los turistas que al conocer siempre vuelven. Y aquí los estaremos esperando gracias por compartir tan bello momento con ustedes y que en sus corazones lleven tan lindos recuerdos. Siempre mis puertas estarán abiertas para ustedes.
Familia Salazar Alvarado
Me gusta lo que has escrito de tu visita a Chile, usas un lenguaje muy ameno, describes muy bien los paisajes, “pintas el paisaje con palabras”. Además, has tomado mucho contacto con las personas que vivimos aquí, eso me parece muy bueno, no solo viajas, haces amigos por donde vas. Felicitaciones, sigue viajando y escribiendo, siendo feliz y llevando alegría a los que te conocen durante tus viajes, Un abrazo, en Chile somos mucho de abrazos.
Myriam Ramirez
Gracias por los comentarios. Realmente ha sido un viaje extraordinario, con unos paisajes preciosos y una gran acogida de los amigos chilenos. Primero con Jorge y Blanca hemos compartido la ruta por el sur desde Temuco hasta Chiloé con su coche, los cuatro tenemos muy buen recuerdo de nuestra estancia en el país de Blanca, que nos ha mostrado con tanto entusiasmo. Por contraste hemos disfrutado de unos paisajes muy distintos al norte en el altiplano de Atacama. Y a continuación en Calama, Antofagasta, La Serena, Viña del Mar, Valparaiso y Santiago, la capital. Hemos vivido el excelente trato de las amistades de Assumpta Codina, amiga nuestra, de todos sus amigos de los lugares citados que nos han abierto las puertas de su casa. Además hemos conocido y hemos trabado amistad con otras personas del país, algunas de ellas muy importantes, como el escritor Hernán Rivera Letelier, Premio Nacional de Literatura de Chile 2022, que el Dalibor amablemente nos facilitó el encuentro y nunca olvidaremos nuestra enriquecedora conversación con Hernán y Glenn Arcos. Este reportaje que Conxita ha preparado, que y Anna y yo con mucho gusto le hemos echado una mano, está muy bien reflejada toda nuestra estancia en el país. A mí me encanta leerlo bastantes veces porque me da la sensación de que vuelvo a hacer el viaje y nos reencontramos las amistades.
Rosa Pi Masvidal
Rosa en este comentario has resumido muy bien lo que vivimos en este viaje a Chile. Nos hemos sentido bien acogidas por las familias chilenas. Tenemos buenos recuerdos que nunca olvidaremos y que quedarán grabados en nuestro corazón.
¡Muchas gracias por tu apoyo!
Conxita
Me emocionó mucho leer todas estas experiencias vividas en Chile. Sin duda, es un país lleno de contrastes en sus paisajes 😍. Les mando un abrazo desde Puerto Varas! . Las recuerdo con mucho cariño, Paulina 🙂
Muchas gracias Paulina!
Me encantó la visita guiada que nos hiciste en Puerto Varas. Yo tambien te recuerdo mucho! Un abrazo