Visitar la Patagonia desde Chubut hasta la Tierra del Fuego era el viaje que siempre había deseado realizar cuando me jubilara. Pero, cuando iba a planificarlo, llegó la pandemia. Ahora, después de tres años de jubilación y con la pandemia bajo control, mis amigas viajeras, Rosa y Dolors, y yo nos hemos animado a emprender la ruta por Argentina juntas.
Las tres tenemos amistades y parientes por estas tierras, con quienes hemos contactado. He acordado encontrarme en Bariloche con mi pariente Jorge Duarte Llonch, cuyo bisabuelo fundó Banco Sabadell en Buenos Aires. Además, hemos optado por extender el viaje a Chile, para visitar el parque de las Torres del Paine, y a Brasil, para explorar las cataratas del Iguazú desde la parte brasileña, siguiendo las recomendaciones de amigos que conocen bien estas tierras.
Mientras planificábamos el viaje con ilusión, compartimos nuestros planes con amigas, quienes se entusiasmaron y decidieron unirse a nuestra aventura. Al final, hemos formado un grupo de ocho mujeres. Con suficiente antelación nos hemos reunido varias veces con la agencia de viajes Kareba para organizar todos los detalles de nuestra ruta. Nos hemos entusiasmado al investigar sobre los destinos y soñar con lo que nos espera.
Ahora, finalmente, ha llegado el día de partir. Estamos llenas de emoción y listas para empezar esta aventura que hemos preparado con tanta ilusión, porque queremos vivir una experiencia inolvidable.

Reportaje realizado con la colaboración de Rosa Pi Masvidal
Me llevo la maleta llena de vivencias.
De Puerto Madryn me llevo:

La puerta de entrada hacia la Península Valdés, el segundo puerto de pesca más grande del país. El Museo del Desembarco, ubicado en Punta Cuevas, sobre la historia de la llegada y la instalación de los colonos galeses en la Patagonia en el año 1865. El Museo del Ferrocarril, que contiene una muestra de objetos de diversas épocas acompañados de fotografías, donados por sus habitantes. Caminar descalza por la arena de la playa esquivando las medusas arrastradas por las fuertes olas del mar. Ha sido una primera inmersión que me ha conectado a las tierras patagónicas.
De la Península Valdés me llevo:

La reserva natural, un área protegida situada en la costa atlántica de la Patagonia argentina, un hábitat de lobos marinos, elefantes marinos, guanacos y pingüinos de Magallanes.

Los guanacos, de la familia de las llamas y de los camellos. Pesan unos setenta quilos y sus depredadores son los pumas. Vemos de cerca cómo conviven con los pingüinos tranquilamente. Me ha gustado conocer estos animales en su hábitat.

Los lobos marinos, ágiles en el mar, se zambullen y deslizan en el agua, pero en la tierra se mueven pesadamente. El macho reposa rodeado de las hembras y brama cuando alguna se altera. ¡Me han cautivado!

Los pingüinos de Magallanes, cuando paseo en su propio hábitat a través del camino marcado. Son cariñosos entre ellos, los padres acarician a los pequeños, que todavía no tienen plumas en el cuerpo. Algunos tienen la boca abierta para tomar aire y poder aguantar el calor. Me han encantado y he disfrutado plenamente en medio de la naturaleza virgen.
De Ushuaia me llevo:

La llegada a la ciudad más austral del mundo, que ha sido espectacular. Desde el avión hemos visto, por un lado, los Andes nevados y, por otro, los lagos y el mar con sus pequeñas islas. Visitar el museo de la prisión, donde he profundizado sobre la historia de Ushuaia, que gira en torno a su penal, que se construyó en 1902 con materiales de la zona y la mano de obra de los presos con la idea de colonizar el lugar. Entrar en las celdas que albergaron a los peores criminales del país me ha impactado.

El Parque Nacional Tierra del Fuego donde subimos al Tren del Fin del Mundo en la estación del Ferrocarril Austral Fueguino. La primera parada es la estación Cascada la Macarena. Bajamos y vamos a pie por un camino en medio del bosque hasta el mirador. Subimos al tren que continúa la ruta siguiendo el curso del río Pipo, atravesando sectores donde es posible observar la huella dejada por los presos que eran trasladados y custodiados en las zonas de tala, que se resguardaban en construcciones precarias. Andamos por unas pasarelas ante la bahía Lapataia explorando el asombroso paisaje.

La excursión a los lagos en coches 4×4.En el mirador Garibaldi vemos el lago Escondido y el gran lago Fagnano. Durante el recorrido observamos diques construidos por castores para elevar el nivel del agua y crear una zona inundada que protege la entrada de la madriguera, que queda sumergida. Ha sido conmovedor mientras los vehículos han transitado por el agua del lago cuando los caminos eran de difícil acceso. Seguimos a pie por un camino que nos lleva al refugio en medio del bosque, donde disfrutamos de un asado al estilo argentino. En tan solo un día hemos pasado por cuatro fenómenos meteorológicos: nieve, lluvia, viento y sol. Hemos visto paisajes recónditos en Tierra del Fuego.

El glaciar Martial,donde camino en medio del bosque junto al río. En algunos momentos hay placas de hielo y da miedo resbalar, pero entre todas nos ayudamos y nos animamos a seguir, motivadas para llegar al pie del glaciar. Hemos disfrutado de las maravillosas montañas nevadas. A la vuelta hemos bajado por la antigua pista de esquí con vistas al canal Beagle y Ushuaia. Nos paramos en la Cabaña del Té para reponer fuerzas. Estamos cansadas pero satisfechas.

Navegar por la bahía de Ushuaia hasta alcanzar el canal Beagle. Recorremos la Isla de los Pájaros, donde apreciamos la avifauna fueguina. Llegamos hasta la Isla de los Lobos, donde se encuentran los lobos marinos. Bajamos en una isla, y realizamos una ruta a pie donde podemos disfrutar de un hermoso paisaje. Cuando subimos al barco, de golpe sopla un fuerte viento y lluvia, pero al final llegamos al faro Les Éclaireurs y podemos ver las colonias de cormoranes imperiales y cormoranes roqueros. ¡Una experiencia fascinante!
De El Calafate me llevo:

Su atracción por la proximidad del Parque Nacional Los Glaciares, donde destaca el Perito Moreno, y por su localización estratégica entre el Chaltén (Argentina) y Torres del Paine (Chile). El Glaciarium, primer centro de interpretación de los glaciares de América del Sur, donde por medio de imágenes y carteles informativos he comprendido y disfrutado del escenario de los glaciares patagónicos.
Del glaciar Perito Moreno me llevo:

Su grandiosidad, que se expande sobre las aguas del lago Argentino, con una pared de cinco kilómetros de ancho y setenta metros de altura sobre el nivel del agua. En el barco vemos el glaciar más cerca y contemplamos su belleza, cómo los colores cambian del blanco inmaculado al turquesa. La caminata por las pasarelas, donde me quedo absorta en los miradores al ver la inmensidad del paisaje mientras percibo los sonidos de los desprendimientos de hielo cuando caen en el agua. ¡Se ha realizado el sueño de ver en la realidad este espectáculo emocionante!

Dibujo de Anna Sallés
De los glaciares Upsala y Spegazzini me llevo:

La navegación por el brazo norte del lago Argentino entre los desprendimientos de hielo que provienen de los glaciares. En la cubierta del barco, de cara al viento, cerca del glaciar Upsala, quedo admirada por un témpano gigante y precioso de tonos azules y me siento feliz. Desembarcar y caminar a través del sendero del bosque hasta el Refugio Spegazzini, donde he disfrutado de las vistas de la bahía de los glaciares, mientras contemplamos los de Heim Sur y Peineta. La travesía en barco me ha permitido conectar de una manera diferente con estos bloques de hielo, ofreciéndome unas vistas de gran belleza.
De Chile, el Parque Torres del Paine, me llevo:

La travesía por la estepa patagónica de norte a sur por la Ruta 40 a bordo de un camión 4×4 para visitar el Parque Nacional Torres del Paine. La entrada por la laguna Amarga me ha impresionado al ver por primera vez las emblemáticas Torres. Los miradores panorámicos, donde ha sido un reto superar el fuerte viento patagónico, que ha tumbado a más de una persona. La aparición de dos pumas por la noche, que han pasado a pocos metros de nuestro alojamiento en medio del parque. Ha sido una gran experiencia de naturaleza salvaje.

La ruta por el parque con Iván. Recorrer a pie las pasarelas junto al lago Pehoé hasta llegar al Salto Chico, superando la lluvia y el fuerte viento. Andar a lo largo de la orilla del lago Grey con fuertes ráfagas de vientos patagónicos ha sido impresionante, ya que casi me tumban. Descansar en el lago Pehoé, donde nos preparan una mesa con bebidas y aperitivo. Durante el regreso en coche, la niebla se disipa y revelan las impresionantes vistas panorámicas del Paine Grande, los Cuernos del Paine y el Almirante Nieto. Nos deleitamos con las majestuosas montañas que nos rodean.

La excursión a pie por un sendero, pasando a través de un puente de madera colgado sobre el río, donde encontramos algunos excursionistas. La visita al mirador del centro de bienvenida en un día claro, donde hemos disfrutado de unas magníficas vistas de las Torres del Paine. Me ha encantado ver el cóndor volar con su elegancia delante de la montaña el Nido de Cóndor.

La vuelta de Chile a Argentina. La gran sorpresa de contemplar el Fitz Roy que no siempre es visible, debido a las condiciones climáticas cambiantes. Los aborígenes lo llamaban Chaltén, que significa ‘montaña humeante’, porque la mayoría del tiempo está cubierta de nubes. Sobrepasa los tres mil metros, un reto para muchos escaladores.
De Bariloche me llevo:

La capital de los Lagos del Sur, rodeada de imponentes montañas y de bosques milenarios a orillas del lago Nahuel Huapi, de origen glaciar.El encuentro con mis parientes argentinos, paseando con Jorge y Blanca por las calles repletas de gente hasta la plaza del Centro Cívico. Mojarme los pies en el lago junto con Blanca y experimentar el frescor del agua. La conversación en el parque con Jorge mientras me cuenta historias de los familiares que vinieron a fundar Banco Sabadell en Argentina. Me he sentido muy bien acogida.

El circuito Chico,un trayecto que bordea el lago Nahuel Huapi por su margen sur. El mirador que separa los lagos Moreno y Nahuel Huapi, con unas espléndidas vistas panorámicas. La península de Llao Llao, el punto ideal para observar el puerto desde donde parten las embarcaciones que navegan en el lago Nahuel Huapi. La subida al cerro Campanario en aerosilla; desde la cumbre de más de mil metros, se divisa una bella vista de la región en un día claro y soleado.

El bosque de Arrayanes y la Isla Victoria. La navegación desde el puerto Pañuelo hasta llegar a la península del Parque Nacional Los Arrayanes, lugar único en el mundo. Caminar por las pasarelas y contemplar los vistosos árboles de color canela me ha encantado, ya que nunca los había visto. La Isla Victoria, donde recorremos unos senderos guiados entre flora autóctona y especies exóticas. La playa del Toro, de arena volcánica, en la que he disfrutado de bañarme en sus aguas.

La ruta a San Martín de los Andes por los Siete Lagos, donde apreciamos el bosque andino patagónico, sus montañas y sus lagos. El lago Espejo, disfrutando de la gran suerte de verlo brillante, ya que ocurre pocas veces al año. El lago Escondido, difícil de ver porque alrededor está cubierto de árboles. El lago Falkner, donde he mojado los pies en su agua fría. Caminar por la costa del gran lago Lácar, en San Martín de los Andes. Villa La Angostura, ciudad conocida por su arquitectura de montaña. He gozado de las vistas de los lagos de agua azul.
Del Parque Nacional Iguazú me llevo:

Las cascadas de casi tres quilómetros de anchura, de magníficas vistas y cuyo rugido me ha quedado grabado en mi memoria. El tranquilo río Iguazú serpentea por la jungla entre Brasil y Argentina, y se precipita con furia en las cataratas más bellas del planeta. La frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, donde se juntan el río Iguazú, de color marrón, y el río Paraná, de color azul.

Dibujo de Agustí Bartolomé

Las cataratas de la parte de Argentina en el itinerario por las pasarelas desde el paseo superior, una distancia de quinientos metros, y desde el paseo inferior, donde se aprecia esta maravilla natural desde otro ángulo. La ruta en vehículos descubiertos de doble tracción a través de la selva; allí aprecio el bosque tropical, que rebosa de flora y fauna autóctonas. La aventura de ir en barca a través de los rápidos bajo las cataratas, quedando empapada. ¡Ha sido emocionante y espectacular!

Las cataratas de la parte de Brasil en el circuito de pasarelas de unos mil metros de largo, sobre las barrancas del río Iguazú, donde puedo disfrutar de una vista panorámica de todos los saltos. El mirador del Salto del Diablo, donde el ruido de la caída del agua me estremece y quedo mojada por la fuerza con la que cae la cascada.

El Parque das Aves, un santuario y refugio de pájaros situado en el estado de Paraná, Brasil. El recorrido, donde observo gran cantidad de aves, como guacamayos y tucanes, junto con otros animales, tales como tortugas, serpientes y mariposas ¡Ha sido una experiencia encantadora con estas aves hermosas y exuberantes!
De Buenos Aires me llevo:

La capital de Argentina, situada al margen del rio de la Plata, que parece un mar, con tres millones de habitantes en la ciudad, llamados porteños, y en los alrededores, más de diez millones de habitantes.

La Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, un lugar cargado de historia y simbolismo. Me impresiona ver los pañuelos dibujados por las Madres de la Plaza de Mayo, recuerdo constante a los desaparecidos durante la dictadura militar. Las admiro porque todavía hoy se concentran para recordar y luchar por la justicia.

El teatro Colón me gusta por sus cristaleras, las lámparas, la majestuosa elegancia y su acústica casi perfecta. Ha sido un viaje al esplendor del pasado a través de uno de los teatros de ópera más grandes de Latinoamérica.

El barrio de La Boca pasear por la calle de Caminito, un museo al aire libre con fachadas de colores, puestos de arte, y una intensa vida cultural.

El barrio de San Telmo, el más antiguo de la ciudad, cuyas mansiones se convirtieron en
casas vecinales para inmigrantes europeos y se transformó en un barrio de clases trabajadoras y, más tarde, en la cuna del tango

El Delta del Tigre, formado por otros ríos y cursos de agua más pequeños que desembocan. La simbiosis entre humanidad y naturaleza tiene en este delta una expresión milagrosa. Entre más ríos, arroyos y canales que fluyen, se enmarca una comunidad de personas que crece y vive en torno al agua. Me ha encantado navegar por los ríos y descubrir cómo es la vida en la zona de las islas mientras el viento me acaricia la cara.

El espectáculo de tango, en el Café de los Angelitos ha sido un buen final de viaje. ¡Me ha encantado Argentina!
Estoy agradecida y me siento feliz por haber sido testigo de los tesoros naturales que embellecen las tierras patagónicas, el asombroso espectáculo de Iguazú y la incomparable belleza de los paisajes argentinos y conocer a Buenos Aires esta ciudad, llena de contrastes y vitalidad. Estas vivencias han dejado una huella imborrable en mi alma, recordándome siempre la magnificencia y la generosidad de la naturaleza. Ha sido un verdadero privilegio realizar este viaje.
Quin àlbum més esplèndid, Conxita. Felicitacions!
Muy bien explicado, al detalle, cada uno de los sitios visitados. Con numerosas fotografías que complementan las descripciones y que invitan a otros a conocer estos hermosos lugares.
Me gusto tu relato. ¡Felicitaciones por el viaje!
Jorge Duarte Llonch
Jorge muchas gracias por tu comentario. Me gustó mucho tu país y me sentí muy bien acogida por ti y Blanca. Disfruté de las experiencias que compartimos juntos.
Conxita