VIAJE A GEORGIA JULIO 2024

Cómo empezó todo

Desde 2019, cuando fuimos con Rosa a Armenia, nos quedaron ganas de conocer Georgia, el país vecino con unas características similares. La pandemia hizo que tuviéramos que aplazarlo, pero finalmente surgió la oportunidad de ir con la agencia Altair. A este viaje se añadieron nuestras amigas Anna Sallés y Montse Morera. Así que, el día 1 de julio de 2024, comenzamos nuestra aventura en Georgia.

Cuando llegamos a Tiflis, nos reciben con una sonrisa en el aeropuerto, Teo, que será nuestra guía, y Paata, nuestro conductor. Con los corazones llenos de emoción y expectativas, iniciamos nuestra ruta, ilusionadas por descubrir los encantos de un nuevo país.

Reportaje realizado por Conxita Tarruell con la colaboración de Rosa Pi Masvidal i Anna Sallés.

Me llevo la maleta llena de vivencias

De Tbilisi me llevo:

La capital de Georgia donde paseamos por la ciudad vieja con sus calles estrechas y empedradas, llenas de tiendas tradicionales, baños de azufre y casas con balcones de madera. Es un lugar encantador para descubrir la rica historia y cultura de la ciudad.

La iglesia de Metekhi, dedicada a la Natividad de la Virgen. En sus muros hay pinturas que narran su vida y su martirio. Esta iglesia histórica es un impresionante ejemplo de la arquitectura medieval georgiana.

La antigua fortaleza de Narikala, a la que llegamos en teleférico, que nos ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad. Allí contemplamos la escultura de la “Madre de Kartli”, que con la mano derecha sostiene una espada para defender la ciudad de los invasores y con la izquierda una copa de vino como símbolo de bienvenida.

El encuentro con Ghazi en el Puente de la Paz, donde nos fotografiamos con el libro Empremtes Ruta de la Seda, en que hablamos de cuando él y su familia nos acogieron en el Líbano. Es un momento entrañable.

La ruta en barca por el río Kura, donde vemos la ciudad desde otra perspectiva. Nos acercamos a una zona con muchas aves y pasamos un buen rato disfrutando de la naturaleza.

Entrar en los Baños de Azufre históricos , de donde procede el nombre de la capital. Allí nos hacen un masaje, nos cubren de espuma y nos dejan muy relajadas.

De Signagi, conocida como “la ciudad del amor”, me llevo:

La muralla antigua, así como la arquitectura tradicional del siglo XVIII que se ha conservado con esmero. Paseo por sus calles empedradas y me siento transportada a otra época, con casas de colores y balcones ornamentados que le dan un encanto único.

Del convento de Bodbe donde está enterrada santa Ninó, me llevo:

La patrona de los georgianos, que introdujo al cristianismo a Georgia en el siglo IV. Caminar por sus jardines con flores de colores y árboles majestuosos me invita a la reflexión y la tranquilidad.

De nuestra estancia en el pueblo de Kvareli, me llevo:

La experiencia de disfrutar de un almuerzo tradicional georgiano con una acogedora familia local. Ha sido una maravillosa oportunidad para degustar los sabores de los productos frescos de su huerto, captando el auténtico sabor de la cocina típica de Georgia que nos ha conectado con su cultura y hospitalidad.

De Gremi me llevo:

Su ciudadela real y la iglesia de los Arcángeles. La visita al museo me ha permitido conocer mas a fondo la historia de los reyes que habitaron este lugar. Cada paso me ha trasladado en otro momento en el tiempo y me ha vinculado al pasado glorioso de esa región y a su riqueza cultural.

De Alaverdi me llevo:

La catedral es un ejemplo de la arquitectura medieval georgiana, que ha sido destruida y reconstruida en numerosas ocasiones, hecho que refleja su resiliencia e importancia histórica. El monasterio en el que todavía viven monjes, está rodeado de viñedos, que enlazan con la larga tradición vinícola de la región de Kakhètia, famosa por sus excelentes vinos.

De Tsinandali me llevo:

El museo dedicado al poeta Alexander Chavchavadze. Su casa decorada con objetos de la época me lleva a otro tiempo y me ofrece una visión íntima de la vida y obra de ese ilustre escritor georgiano. Paseamos por sus jardines, un entorno de paz y belleza natural.

De Telavi me llevo:

La ciudad principal de la región oriental de Kakhètia donde visitamos el bullicioso mercado local, en que los habitantes de la zona realizan sus compras diarias. Me llama la atención la Churchkhela, un dulce típico que parece una longaniza y unos triángulos de colores llamados Tklapi, zumos de fruta deshidratados.

El monumento arquitectónico Batonis Tsikhe, complejo que conserva partes del palacio persa de los reyes de Kakhètia. El museo, donde se encuentra una galería de bellas artes, manuscritos valiosos, una rica colección de exhibiciones arqueológicas y etnográficas. La visita me acerca más a la vasta historia cultural de la región.

De Gergeti me llevo:

La iglesia de la Trinidad situada a 2.170 metros de altitud. El monasterio, donde todavía viven monjes, es un sitio de gran espiritualidad y belleza. El recorrido desde Kazbegi nos lleva a través de valles y bosques espesos. La hierba tierna de los prados contrasta con las majestuosas montañas, mientras caballos y vacas pastan libremente.

De Uplistsikhe me llevo:

Fortificación antigua, que fue una parte vital de la Ruta de la Seda, ciudad excavada en las rocas volcánicas. Cada paso por sus antiguas cavernas me traslada a una época lejana, evocando imágenes de comerciantes y viajeros que hacían parada. Me ha captado la historia de este lugar milenario.

De Vardzia, me llevo:

El gran complejo de cuevas conectadas por largos túneles, excavadas a mano hace más de 800 años. Las habitaciones están interconectadas por pasajes que se extienden sobre la montaña.

De la fortaleza de Khertvisi me llevo:

Las vistas desde un pintoresco puente de madera colgado sobre el río Kura, donde capturo imágenes de la antigua fortaleza.

Del monasterio de Sapara, me llevo:

La paz serena que se respira en todo el entorno, un refugio significativo donde los monjes ofrecen apoyo a los jóvenes con dificultades causadas por adicciones. Este lugar cautiva por su dualidad entre la tranquilidad y su importante labor comunitaria. Es un espacio donde el cuidado físico y emocional se combina para inspirar esperanza y renovación constante.

De Ajaltsije, me llevo:

La parte antigua de la ciudad de Rabati, donde se muestra una fusión arquitectónica que refleja los distintos países que han influido en esta región. Entre las construcciones destacadas se encuentran una madraza, una mezquita-iglesia. Esta diversidad muestra como las diferentes culturas y religiones han coexistido a lo largo de los siglos.

Del Monasterio Verde de San Jorge de Chitakhevi me llevo:

La caminata tranquila a través del bosque y la participación en la misa ortodoxa, han sido experiencias que me han fascinado. El monasterio fue el escenario de una batalla devastadora, en el siglo XVI, en que los monjes fueron masacrados. Tras permanecer abandonado renació el 2003 con la presencia de nuevos monjes, y en 2016 fue reconocido como monumento nacional.

De la Cueva de Prometeo me llevo:

Las formaciones de estalactitas y estalagmitas que crean un espectáculo natural que te deja sin palabras. La melodía de la música clásica y la iluminación añaden un toque encantador y convierten la cueva en un sitio misterioso y mágico.

De Kutaisi me llevo:

La segunda ciudad mas grande de Georgia. Históricamente, fue la capital del legendario Reino de Cólquida. Surgió en el siglo IX aC.  Aquí es donde nace Medea, hija de Eetes, rey de la Cólquida y donde transcurre la leyenda de Jason y los argonautas. 

La catedral de Bagrati construida entre 1003 y 1010 durante el reinado del rey Bagrat III, obra maestra de la arquitectura medieval georgiana. Es una joya histórica, conocida por su grandiosidad y estilo que combina elementos bizantinos y georgianos, fue parte esencial de la unificación del reino de Georgia.

Del cañón de Martvili me llevo:

La experiencia de subir a un bote con remos. Navegamos por lugares paradisíacos, con formaciones rocosas espectaculares, cascadas cristalinas y una vegetación exuberante que nos rodea. Toco el agua fresca del río que añade una sensación revitalizante a la excursión.

De Mestia me llevo:

La ciudad pintoresca de la región montañosa de Svaneti destaca por su ubicación a gran altitud y sus aproximadamente 200 torres defensivas en Svaneti de Arriba, que ofrecen espectaculares vistas de las montañas del Cáucaso. Antiguamente utilizadas como fortalezas, protección contra aludes y almacenes de alimentos. Estas estructuras de hasta seis pisos de altura son ahora emblemáticas y parte del patrimonio cultural de Georgia.

La casa torre original de Machubi, un tipo de casa tradicional de Svanetia, donde antiguamente convivían personas y animales para combatir el frío. Me ha gustado porque me ha permitido conocer mejor la vida cotidiana de los habitantes de antaño, ofreciéndome una nueva perspectiva sobre cómo vivían y se adaptaban a las condiciones extremas de su época.

De Ushguli me llevo:

El pueblo más alto de Europa, ubicado a 2200 metros de altura, que cuenta con más de 200 habitantes,. Fué declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Y es conocido por la gran cantidad de torres de defensa y por las impresionantes vistas de las altas montañas que le rodean.

Encuentro con niños del pueblo: María, Nino y Noe con los que compartimos una charla.

De Batumi me llevo:

Está situada en la región de Adjara, en la costa del mar Negro, conocida como la “perla del mar Negro” y “Las Vegas de Georgia” por sus casinos y altísimos edificios. La ciudad es una armoniosa síntesis de arquitectura antigua y moderna.

Navegar en barco alrededor de la costa de Batumi, con música georgiana de fondo y la brisa marina que me relaja mientras contemplo la ciudad desde el mar.

La puesta de sol en el mar Negro desde el paseo marítimo ha sido una experiencia encantadora que me ha cautivado.

Las fuentes de agua que bailan al ritmo de la música, por la noche, con los edificios que cambian de colores. Me dejo llevar por su magia.

De Gonio me llevo:

La fortaleza del siglo I, ubicada cerca de Batumi. Este sitio fue un gran asentamiento militar bizantino-romano y un importante punto estratégico a lo largo de la costa del mar Negro. Una representación de un campamento con tiendas, catapultas y cuadrigas, me transporta a la época del Imperio Romano.

De Mtskheta me llevo :

La antigua ciudad que fue la capital del reino georgiano de Iberia, una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Asociada con la formación del estado de Georgia y la difusión del cristianismo. Jugó un papel crucial en el siglo IV, cuando el rey Mirian III, influenciado por Santa Nino, declaró el cristianismo como religión estatal. Es la sede de la Iglesia ortodoxa del país.

La catedral de Svetitskhoveli construida en el siglo XI, contiene la túnica de Cristo y es un lugar de gran significado religioso.

El monasterio de Samtavro fundado en el siglo XI, que consta de una iglesia dedicada a la Transfiguración y el convento de santa Ninó donde viven monjas. Están las tumbas de los reyes Mirian y Nana. La capilla y la iglesia son lugares de devoción, especialmente para la tumba de San Gabriel, conocida por sus propiedades milagrosas.

El monasterio de Jvari del siglo VI situado en lo alto de una montaña, es uno de los más queridos y representativos de la arquitectura georgiana. Ofrece vistas espectaculares y incluye la tumba del príncipe Stephanos, que construyó el monasterio.

De las delicias culinarias georgianas me llevo:

La gastronomía georgiana, es un festín de sabores únicos y auténticos. Nos han dejado un recuerdo imborrable del sabor auténtico de Georgia, ofreciéndonos una experiencia gastronómica llena de matices y tradición.

El Khachapuri, un pan relleno de queso caliente que se sirve a menudo con un huevo en medio. Esta especialidad es un verdadero placer para los amantes del queso.

Dibujo de Anna Sallés

El Khinkali, unos dumplings rellenos de carne de buey y setas, condimentados con especias y cocidos en caldo. Cada mordisco revela una explosión de sabor que captura la esencia de la cocina georgiana.

Este viaje a Georgia ha sido una aventura inolvidable y autentica, una inmersión en un fascinante mundo de cultura e historia. Cada momento nos ha brindado nuevas perspectivas y nos ha conectado con una tierra rica en leyendas y tradiciones. Nos llevamos con nosotros recuerdos valiosos y un deseo ardiente de volver a descubrir más de ese país cautivador en el futuro.

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