Chile en el corazón
Hay una literatura de viajes que va más allá del desplazamiento físico: es una mirada abierta al mundo. Es el caso de los libros de viajes de Conxita Tarruell i Llonch. Con la pasión que la caracteriza, en su último libro publicado, Viaje al alma chilena (Tushita edicions), la autora afirma que, a partir de su viaje a Chile, lleva Chile en el corazón, del mismo modo que este país —su gente— la ha acogido con el corazón abierto. Este viaje, como en otras ocasiones, lo ha realizado acompañada de Rosa Pi Masvidal, quien ha escrito dos cuentos. Incluidos en el libro, estos relatos, a medio camino entre la realidad y la fantasía, están inspirados en sus impresiones de este viaje extraordinario que ha resultado transformador para las viajeras.
La estancia en Chile, de un mes de duración, comenzó a gestarse a partir del encuentro en Argentina con un familiar de Conxita, Jorge Duarte Llonch, y su esposa Blanca, chilena de origen, quien en aquella ocasión invitó a las dos viajeras a conocer su país natal. Para nosotros, los catalanes que conservamos la memoria, esto nos remite a los ecos melancólicos de los exiliados de la guerra civil que llegaron a Chile a bordo del Winnipeg. Este episodio memorial tiene un especial protagonismo en la crónica de Conxita a través de la figura de Jaime Ferrer, en una conversación en Viña del Mar. Jaime Ferrer es autor de un libro histórico de referencia: Los españoles del Winnipeg. El barco de la esperanza para 2.200 republicanos españoles. Entre ellos se encontraba el Conseller de Cultura del gobierno republicano, Salvador Sarrà, inicialmente internado en Argeles y posteriormente exiliado en Chile. Su hija, Isabel Sarrà, abrió una tarde las puertas de su casa a las dos viajeras para compartir con ellas su experiencia, que también ha pasado a ser la nuestra gracias al espléndido relato que ha realizado Conxita en Viaje al alma chilena.
Compartir con detalle, buen gusto y eficacia narrativa es una seña de identidad de Conxita Tarruell, también en este viaje al corazón de Chile, al alma chilena, que, según cuenta la propia narradora, tuvo tres etapas que constituyeron las tres almas del viaje. En una primera etapa se explica el reencuentro en Temuco con Jorge Duarte y su esposa Blanca Estela Henríquez, quien firma un emotivo epílogo del libro. Con ellos, las viajeras realizan una ruta por la zona sur de Chile, la Araucanía: un largo recorrido por diversos lugares descritos por Conxita con detalle y luminosidad. Llama la atención el contacto con la cultura mapuche, de la que se aprecian sus particularidades ancestrales ligadas a su visión del mundo, aún conservadas.
En una segunda etapa, Conxita y Rosa viajan solas hacia el norte de Chile, ese país largo y estrecho entre la gran cordillera de los Andes y el Pacífico, hasta llegar a Atacama, el famoso desierto, con los paisajes fabulosos del Valle del Arcoíris, de Piedras Rojas y de los géiseres del Tatio…, escenarios geológicos de gran impacto visual que las viajeras incorporan en forma de fotografías al final del libro. Contemplar estas imágenes invita a buscar la magia y el misterio que, durante su estancia en Atacama, inspiraron algunas de las pinturas de Brull Carreras, un artista vilanovense que, lamentablemente, perdimos hace quince años.
La tercera etapa, con centro en la capital, Santiago de Chile, se presenta ante los lectores con la plenitud de un retrato coral formado por las personas con las que, en distintos lugares del territorio y a lo largo de los días de estancia, conviven las viajeras: gente comprometida de principio a fin, tanto en el pasado como en el presente. Personas vinculadas a las vicisitudes sociales y políticas de la nación chilena, con el recuerdo constante de la lucha por la democracia y por la recuperación de la memoria de las víctimas del derrocado gobierno progresista de Salvador Allende, así como de la represión y las muertes sufridas durante la dictadura de Pinochet. El punto de unión con los amigos que acogen a las dos viajeras catalanas en sus hogares es Assumpta Codina Pont, quien firma el prólogo de Viaje al alma chilena.
Assumpta Codina, junto con Montserrat Piñol, estuvo en Chile durante su labor en Agermanament, una entidad fundada en 1960 en Barcelona. Dentro de las corrientes avanzadas de la Iglesia de la época, marcadas por el espíritu del Concilio Vaticano II, Agermanament buscaba la cooperación con países que necesitaban este trabajo de desarrollo y formación, especialmente en escuelas e institutos. A pesar del paso de los años, la huella que Chile dejó en estas voluntarias ha hecho que todavía conserven vínculos. Algunas personas de entonces ya no están, pero permanecen sus hijos y nietos, así como los continuadores de tantas iniciativas sociales y educativas. Todas estas personas que vamos conociendo a través del relato de Conxita recibieron a las viajeras con una fraternidad cálida y ejemplar.
Todas estas personas son mencionadas por Conxita por sus nombres en el capítulo en el que, agradecida, hace un repaso exhaustivo de lo que «se ha llevado en la maleta llena de vivencias». A esta maleta hay que añadir aún momentos estelares y significativos de este viaje exquisito por la finura de los sentimientos despertados día a día, como el encuentro en Antofagasta con el escritor Hernán Rivera Letelier, Premio Nacional de Literatura 2022, y las visitas a las casas donde nacieron y vivieron los dos premios Nobel con los que cuenta Chile: Gabriela Mistral, galardonada en 1945, y Pablo Neruda, amigo personal de Salvador Allende, que recibió el premio en 1971.
Viaje al alma chilena se complementa con una extensa bibliografía y una serie de imágenes (fotografías y dibujos) que sitúan al lector en los lugares y con las personas descritas por Conxita, quien, con su habitual entusiasmo, escribe al final del capítulo de agradecimientos: «Y a ti, lector, que has llegado hasta aquí: espero que estas páginas te hayan ayudado a descubrir y entender mejor este país que me ha cautivado y que llevaré siempre conmigo». Y así es: a través de este extraordinario relato de viaje de Conxita Tarruell Llonch conocemos —y quedamos cautivados— por el encanto de Chile en todos sus valores: paisajísticos, culturales y, sobre todo, humanos.
Teresa Costa-Gramunt
…….y ninguna mención a los palafitos de la isla grande de Chiloe…..sus tradiciones, y la sufrida vida de su gente.
El viaje al sur de chile fue mucho más que la Araucanía, mi intención al invitarlas a conocer mi país era que también conocieran sus tradiciones, folklore, su diversidad en cuanto al paisaje de éste país que es una larga y angosta faja de tierra entre la cordillera de los andes y el océano Pacífico.
Blanca Henríquez Bustos
profesora de matemáticas
chilena de corazón