Viaje a Cuba 2010

El motivo que me llevó a viajar a Cuba en 2010 fue que siempre me había intrigado este país y quería conocerlo por mi cuenta. Estaba atenta en todo momento para cuando saliera la oportunidad de visitarlo. La amistad con dos jóvenes cubanos, Claro y Joel, que colaboraban en mi escuela desde hacía unos años, hizo que tuviera más interés por Cuba. Finalmente, llegó el día en que todo se puso a favor de mi proyecto. Decidí abrirme a la aventura de experimentar con mis propios sentidos las vivencias y sensaciones que nos podían transmitir los cubanos a través de la convivencia. Los amigos cubanos nos propusieron, a Dolors y a mí, realizar un recorrido por el país en autobús y nos buscaron casas para alojarnos, y así colaborar económicamente con las familias cubanas. Hablé con Eduard Pini, amigo escolapio, buen conocedor de Cuba, que hace varios años vive en la ciudad de Guanabacoa junto a La Habana, donde lleva a cabo un proyecto de bibliotecas, actividades de ocio y diferentes cursos de formación. Nos dieron varias direcciones de contactos, entre ellas de amigos suyos. Por otro lado, conecté con Margarita, una cubana que vive en Sabadell y que nos dio la dirección de una amiga en La Habana.  Ilusionada, emprendí la ruta.

Visitamos a la familia de mi amigo Claro
Nuestros anfitriones nos ofrecen una ensalada hecha con amor
Comida en Guanabacoa con Eduard

Me llevo la maleta llena de vivencias

Ahora, al regresar del viaje, puedo decir que ha sido enriquecedor. Lo más interesante es convivir y compartir experiencias con los amigos cubanos. Estar alojada en las casas de las familias cubanas ha hecho que conozca más a fondo cómo son. Me encanta su carácter y forma de ser tan positiva, a pesar de que la vida no la tienen fácil. Los cubanos que he conocido son simpáticos y acogedores. Me sorprende la facilidad que tienen para arreglar las cosas que se estropean (“Todo lo resuelven”). Ha sido uno de los viajes más completos a todos niveles: desde los cubanos a los paisajes vírgenes. Sobre todo el descubrimiento del pasado de los catalanes, en la isla, concretamente de mi familia. Canto en mi interior la canción “El meu avi va anar a Cuba” y me emociono. Ahora entiendo porque los catalanes que volvieron de este país sentían añoranza y construyeron, cuando volvieron, las casas de los indianos. De Cuba me llevo más conocimientos de mi antepasado Cayetano Tarruell, que se fue en busca de fortuna y cuando volvió a Cataluña, impulsó la Floresta como zona residencial. Los cubanos han entrado en mi corazón y una parte mía se ha quedado allí, es como mi segundo hogar, donde tengo buenos amigos. Os animo a que viajéis a Cuba.

La alegría y la fiesta siempre están presentes por las calles
“Todo lo resuelven”. Incluso convierten en un taxi una bicicleta.
Casa Cayetano Tarruell en La Habana

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